Incubadoras de spin-off universitarias
Las incubadoras o viveros reciben normalmente muchas denominaciones pero suelen ser edificaciones, con locales pequeños, para albergar nuevas empresas o recientemente creadas hasta que consigan superar su fase inicial.
Estudios europeos demuestran que las EIBTs instaladas en incubadoras alcanzan una tasa de supervivencia superior que el resto, lo que atestigua el impacto positivo de este mecanismo.
Ahora están de moda los viveros o incubadoras virtuales, en lugar de invertir en infraestructura física de edificios. Como instrumento para potenciar redes funcionan bien, y son necesarias, además de que son más baratas que la inversión en ladrillo, pero es falsa la idea de que con ello se satisfacen las mismas necesidades.
Por mucho que se diga, la incubadora virtual no sustituye, ni puede sustituir la cercanía física entre los agentes que se consigue con el modelo convencional = OJO: siempre que la iniciativa se gestione bien, dotando a los emprendedores de servicios añadidos, y fomentando la colaboración entre ellos.
En los viveros físicos se estimula el intercambio, la cooperación y el contagio de una actitud innovadora, además de ser más visible socialmente y lo que no es menos importante, cumple su función original de reducir costes en las fases iniciales de desarrollo de la empresa.
Los resultados que he visto en las (buenas) incubadoras confirman esta opinión. De hecho, en ellas se ve como una prioridad la expansión de la infraestructura física, que están ahora a toda su capacidad y están cumpliendo con creces su cometido.
En definitiva, la opinión generalizada es que tener una incubadora con espacio físico disponible constituye una pieza importante en todo programa de estímulo a emprendedores tecnológicos, siempre y cuando: 1) Se siga una política coherente y rigurosa de selección de las empresas que allí se instalen con el fin de evitar que el proyecto degenere en una mera operación inmobiliaria, 2) Se integre dicha infraestructura a un programa más amplio de fomento de emprendedores (o dicho más claro, de “talento emprendedor”) que garantice un flujo estable de nuevas empresas tecnológicas.
En línea con el segundo punto, esta interdependencia entre el programa de formación y la infraestructura disponible constituye una meta a conseguir en cualquier programa de este tipo.
Una idea clave, para el diseño de políticas de fomento a la innovación basadas en nuevas infraestructuras físicas, es comprender la diferencia que existe entre una incubadora de un parque tecnológico/científico y una del tipo genérica. Estas últimas persiguen básicamente la generación de empleo, mientras que las primeras se plantean como principal objetivo la transferencia de tecnología. Esto es importante entenderlo porque influye decisivamente en el tipo de empresas que se instalan y en la estrategia de promoción de estos espacios de acogida.
















Amalio,
en las incubadoras de parques/universidades es muy interesante poder aplicar políticas de atracción y colaboración con la propia universidad. Si no hay relación entre la empresa y la universidad, precio de mercado. A medida que la colaboración aumenta (contratos de transferencia con la universidad, patentes conjuntas, proyectos final de carrera, tesis…) se “subvenciona” el precio hasta el extremo de cubrir sólo el coste del mantenimiento de la infraestructura.
Por otro lado las incubadoras pueden ser también de proyectos de I+D , no hace falta que se cree una empresa, pueden incubar a una tecnología hasta que se desarrolla suficiente como para protegerla con garantías o pasar niveles de homologación de producto.
En la UPC tenemos ejemplos de ambos casos. Nos vemos el viernes.
Pere
Pere:
Perdona que no te haya respondido antes. “Si no hay relación entre empresa y universidad, precio de mercado” = pues sí, muy bien definido, totalmente de acuerdo. Es una regla que se debería seguir. Por eso, quizás, tendríamos que trabajar más las metodologías que permitan medir con criterios mas objetivos el “grado de intensidad” de esa relación, porque ya sabes que al final cualquier cosa se puede justificar con tal de tener las incubadoras llenas.
OK, siempre he defendido la idea de crear “incubadoras para proyectos”, pero OJO, ¡¡hay que crear una empresa que le sirva de contenedora para transparentar los costes al detalle!! Lo único que cambia aqui, es que la empresa se crea con un caracter temporal, porque su único objetivo es madurar la tecnología, pero soy partidario que ese contenedor sea una empresa, con sus costes transparentados… ¿cómo lo ves tú?
Amalio,
Respaldo tus afirmaciones, debe diferenciarse una incubadora “tecnológica” de una genérica. Creo que el valor añadido de una spin-off salida de la Universidad es mucho mayor que la implantación de una iniciativa convencional.
Si realmente se pretende ganar competitividad a través de la innovación (en boca de tantos políticos) deberían proliferar políticas que faciliten y fomenten la generación de estas EBT’s. Desde luego necesitar casi 50 días de laberintos burocráticos para crear una SL y que su formalización pueda costar unos 1500€ no parece la mejor aportación política.
Albert
Albert:
Cada iniciativa tiene su importancia. No me atrevería a decir que un tipo de incubadora tiene más valor que otra. Depende de los objetivos que se plantee, porque por ejemplo, una incubadora de empresas industriales, de esas que generan mucho empleo, puede ser tanto o más valiosa para el desarrollo local que una de spin-off universitarias. Y en cuanto los costes y la burocracia, sintonizo contigo, pero también creo que vamos mejorando en eso, aunque todavía tímidamente.
Gracias por dar tu opinión…