Jul 19, 2011
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Del laboratorio al mercado (3): Servicios de consultoría

Por: Amalio A. Rey

Continuamos el seriado sobre las distintas modalidades de “transferencia de tecnología” que existen para poder hacer el viaje del laboratorio al mercado.

En el primer post hablamos de los “Contratos de I+D por encargo”, y en el segundo sobre los “Contratos de Licencia” y “de Know-how”, así que la entrada de hoy estará dedicada a los “Servicios de asesoría o consultoría científico-tecnológica”.

En este caso, científicos y tecnólogos que trabajan en los centros de investigación son contratados por las empresas para que les presten servicios de consultoría y asesoría técnica bien sea para resolver por encargo un problema puntual o bien para mantener una línea abierta de consultas periódicas sobre un tema en el que estos técnicos son expertos.

Por ejemplo, un investigador en biología celular puede ser contratado como consultor, durante un determinado período, por una gran empresa fabricante de galletas para asesorarla en la solución de problemas que a menudo surgen con las harinas que “no se comportan como se espera”.

Me gustaría recalcar que ésta es una modalidad débilmente explotada por los centros científicos y tecnológicos del Sur de Europa, pero que tiene un potencial extraordinario de desarrollo en el futuro próximo.

Esto es así porque un papel vital que habría de esperar de estos centros, y en especial de las universidades, es que funcionen como “esponjas”, “radares” o “bombas extractoras” de conocimiento de vanguardia a nivel mundial y lo trasmitan en un lenguaje más asequible a las empresas de su entorno a través de servicios de consultoría o asesoría.

Por ejemplo, echo en falta en España el funcionamiento de redes de “coaching tecnológicoa las empresas, lideradas claramente por las universidades, en las que participen investigadores con una clara orientación hacia la resolución de problemas y que interactúen como consultores con las empresas que lo necesiten. Por cierto, debo decir que este tipo de iniciativas ya funciona con éxito en otros países del Norte de Europa.

Iniciativas de este tipo permiten a las universidades multiplicar su función de difusoras de conocimiento puntero en los términos en que la sociedad y el sector productivo están en condiciones de asimilar. Esta labor de “puente” exige, por supuesto, una adecuada traducción y difusión de estos conocimientos que actualmente no se hace.

Por otra parte, las actividades de consultoría son de interés para los investigadores y el personal técnico en la medida de que les permiten adquirir experiencia en la cooperación con empresas. Pero del mismo modo, hay que reconocer que un problema que tienen es que son habitualmente muy intensivas en tiempo a cambio de una limitada financiación.

Puede ocurrir, y de hecho ocurre más de lo deseado, que las empresas busquen a “consultores” en la universidad con el único objetivo de ahorrar costes, lo que exige que el personal académico sea prudente en relación con los proyectos que acepta.

Mi recomendación es que se promueva esta modalidad con mucha más intensidad que la actual, pero que al mismo tiempo se sea selectivo, asumiendo sólo aquellos proyectos que cumplan al menos uno de los tres requisitos siguientes:

1)       Entrañen un problema complejo que no pueda ser solucionado por las empresas del entorno

2)       Signifiquen una oportunidad de adquirir experiencia y know-how valioso con vistas a mejorar la actividad investigadora del grupo

3)       Sirvan como paso previo o “servicio de entrada” para traducir esta cooperación en proyectos más intensivos en I+D.

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Tags: coaching, colaboración, consultoría, empresa, gestión, modalidades, transferencia de tecnología, universidad

2 Comments

  • Buenos días Amalio, y enhorabuena por tu blog.
    En mi experiencia he visto que efectivamente esta posibilidad de asesoría desde la universidad hacia las empresas está muy poco explotada. Y sin embargo no deja de sorprenderme que en los pocos casos que conozco que se ha dado este tipo de colaboraciíon ,los resultados han sido óptimos, han dado lugar a nuevas colaboraciones e incluso a la creación de spin-out. Casi me atrevería a decir que el que prueba repite.
    Puede que se deba a una casualidad el que mi experiencia sea así, porque me planteo que si estos son los hechos reales, ¿cómo es posible que no haya más colaboraciones de este tipo?. ¿Puede estar relacionado con esa lacra o letra escarlata del mercenazgo que parece arrastran los investigadores que quieren convertir su actividad en un negocio rentable? ¿Qué medidas crees que se podrían tomar para lograr promover este tipo de actividades? Finalmente confesarte que me ha llamado la atención el término “coaching tecnológico”, sin duda intentaré documentarme al respecto, pero si me puedes recomendar alguna lectura de interés te lo agradecería mucho.

    • Hola, Cristina:
      Gracias por pasarte por aquí. Totalmente de acuerdo con dos de tus ideas: 1) Es una posibilidad muy poco explotada, 2) Es una opción que cuando se desarrolla, suele dar buenos resultados. Lo de que “el que prueba, repite” se explica porque cuando un investigador decide ponerse el sombrero de consultor, sabe a lo que se atiene, acepta la premisa de que la consultoría es una cosa distinta a la I+D, y entonces saca su parte más pragmática, y eso conecta bien con la empresa. Por otra parte, el conocimiento acumulado por un buen investigador que tenga una adecuada orientación a la resolución de problemas suele ser muy relevante, nada superficial, y ese tipo de activos no los tiene la empresa. Se producen sinergias muy interesantes con estas alianzas.
      ¿Por qué no se explota más? Pues porque creo que muchos investigadores no han descubierto “su lado consultor”, y es una labor que deberían priorizar los organismos de intermediación. Iré más lejos en mi propuesta, me mojo: esto es mucho más importante que poner tanto énfasis en las patentes y las spin-off. Creo que la transferencia de conocimiento de la academia a la empresa va más por ahi, por los servicios de consultoria y de coaching tecnológico, que por esos otros dos temas de moda. Al menos desde la perspectiva de los centros públicos de investigación españoles.
      Lo de “coaching tecnológico” es un término que suelo utilizar para hacer referencia a un tipo de consultoría continuada en el tiempo, más estable, más de acompañamiento de la empresa, donde se produce una relación de confianza. El investigador-consultor se convierte en una especie de “think-tank” para la empresa, y esa relación se alarga en el tiempo.
      Espero haber respondido a tus dudas…

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